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El Flamenco es una de las pocas músicas europeas de transmisión oral que ha continuado desarrollándose en los últimos
treinta años no sólo en España, sino también en Europa y en el mundo entero. Debemos este auge a la fuerza y la vitalidad
creadora que posee la tradición Flamenca.
Su patrimonio músical, elaborado desde hace cinco siglos y formalizado en el siglo XIX en torno al cante, el baile y
la guitarra, supone una riqueza melódica, rítmica y armónico-modal que no encuentra equivalentes en la Europa Oriental, pues
es precisamente en Andalucia, asi como en los Balcanes, donde los elementos orientales, zíngaros y autóctonos han formado
en la diversidad una cultura única y de alcance universal, que es a la vez arte de vivir y también música.
Pero los grandes estilos (soleá, siguiriya, alegria, tientos, tarantos, bulerias...) han evolucionado no solo en su contenido
musical sino también en el poético, es decir, en sus letras. Esa es toda la aportación de los grandes creadores del
flamenco contemporáneo como Paco de Lucia, Enrique Morente, Camarón de la Isla, Pedro Bacán o Moraito de Jerez, el haber renovado
las expresiones flamencas a partir de formas heredadas del pasado.
El flamenco también es el grito del pobre y perseguido. Los trabajadores, tratando de mantener a sus familias,
tuvieron que trabajar con mayor energia de lo que tenian en sus cuerpos, debilitados por la falta de comida y reposo, y derivaron
su energia del canto al rasgueado de una guitarra. El Flamenco es la Andalucia en las mentes de los poetas, pintores
y músicos, la Andalucia de los soñadores, quienes luchan para mejorar las vidas de quienes sufren.
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